Qin Shi Huang-Di, el primer emperador chino. (Arcaicos, 12).

Sucede a menudo que, nuestros ojos occidentales están nublados para la visión y el conocimiento de las culturas antiguas más alejadas de nuestro terreno. En el presente, el gigante asiático, África o las islas del Pacífico todavía esconden tesoros culturales en forma de maravillosas narraciones históricas. Uno de los mejores ejemplos es China, cuya cultura milenaria se nos antoja demasiado desconocida. Pero es buen momento para que nos pongamos en la piel de grandes viajeros del pasado, y descubramos una nueva realidad escondida en la otra parte del mundo. Hoy conoceremos la historia de uno de los señores más poderosos de todos los tiempos.

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En el pasado, China no era un territorio unificado, sino que estaba divido en siete estados, que luchaban entre sí, y al mismo tiempo tenían que hacer frente a los grandes enemigos a caballo procedentes de las inmensas estepas de Asia. El mar de hierba, de tierra helada y de desierto, escondía a unos guerreros cuya furia dejaría huella, primero en Oriente y más tarde en Occidente. Pero ante esta situación de caos y desorden, se alzó un señor que impuso una nueva realidad a base de muerte y autoridad. Este es un buen comienzo para acercarnos a la historia de Qin Shi Huang-Di, el primer emperador de China, publicada en el blog “desdelacasausher” el 29 de marzo de 2011.

EL PRIMER EMPERADOR DE CHINA

A mediados del siglo III a.C., la región china estaba dividida en siete reinos independientes que luchaban entre sí desde hacía décadas. Uno de los más prometedores estaba situado en el Occidente: era el reino de los Qin, gobernado por el joven Shi Huang, de apenas veinte años. Desde su capital en la ciudad de Xianyang, próxima a la cuenca del río Amarillo, el rey Shi Huang pronto decidió cuál sería el objetivo principal de su gobierno: acabar con las guerras sometiendo a todos los estados vecinos para crear un imperio unificado, siempre con la dinastía Qin al frente.

Para ello organizó su sociedad en torno a la guerra, con un estricto régimen similar al del mundo espartano de Grecia. Estos guerreros llevarían a su rey a la victoria y aún más allá, a la inmortalidad. Shi Huang movilizó a miles de hombres para la batalla creando el mayor ejército nunca antes visto sobre la Tierra, les equipó con grandes avances en armamento (algunos desconocidos en Occidente), y desarrolló estrategias de combate completamente novedosas, formando así, una fuerza militar muy superior a la de sus enemigos.

A lo largo de casi veinte años de guerras, fue sometiendo a los seis reinos restantes, y hacia el año 221 a.C. el estado de los Qin se convierte en el Primer Imperio de China. El emperador cambió su nombre, y pasó a llamarse Qin Shi Huang-Di (rey y dios sobre la Tierra). A partir de ese momento, llevó a cabo la reorganización del imperio, pero también desarrolló una política represiva y dictatorial en la que los asesinatos “políticos” estaban a la orden del día.

Qin Shi Huang-Di fue el responsable de las obras monumentales chinas que todavía hoy maravillan al mundo. La Gran Muralla fue levantada por él a lo largo de un frente de más de 6.000 kilómetros en el norte del Imperio, para frenar las incursiones de pueblos nómadas desde la estepa mongola. Una obra inmensa que costó la vida a cientos de hombres, y que ha perdurado dos mil años en el tiempo, siendo hoy el gran símbolo del país.

El paso del tiempo volvió al emperador arisco y desconfiado, temiendo que la muerte le llegara desde cualquier rincón de su palacio. Por ello quiso que sus magos dieran con el elixir de la vida eterna, y éstos le obligaban a ingerir todo tipo de bebedizos que solamente dañaban más y más su salud. Viendo que esta solución era imposible, optó por un plan diferente: se convertiría en un ser inmortal tras esta vida, alzándose como emperador del inframundo, con un gigantesco ejército de muerte a sus órdenes que le protegería para siempre. Así comenzó la fabricación de su inmenso mausoleo y del ejército de terracota que custodia su tumba.

 

Una de las síntesis más curiosas que podemos encontrar en internet sobre su vida la tenemos en este vídeo de Youtube, donde se describe el reinado a ritmo del “Poker Face” de Lady Gaga (impresionante…).

 

Qin Shi Huang-Di murió en el año 210 a.C. a la edad de 49 años, y fue enterrado en su fastuoso mausoleo. Para él se levantó toda una ciudad de los muertos, donde también descansaron sus más cercanos en la corte. Esa tumba, protegida por dos murallas, trampas y por su ejército de terracota custodia al emperador y a los mayores tesoros arqueológicos y materiales que nos podamos imaginar. Hoy en día es un inmenso recinto turístico, y a pesar de que está perfectamente identificada, por el momento el gobierno chino se ha negado a iniciar las investigaciones en la tumba del primer emperador, el hijo de los cielos Qin Shi Huang-Di.

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