“Luces Rojas” y la necesidad de trascender

Después de aguardar un tiempo más que prudencial, hace algunos días pude sentarme a ver una película muy esperada: Luces Rojas“, del director español Rodrigo Cortés, un hombre que, después de una larga trayectoria como creador de cortometrajes a sus espaldas, se ha hecho un hueco en el panorama cinematográfico internacional. Tras “Buried” (2010), “Luces Rojas” (2012) hunde las raíces de su temática en lo sobrenatural, las habilidades más allá de los sentidos y las esperanzas en una existencia desconocida para los vivos. Esto me ha llevado a una reflexión sobre lo visto en la pantalla y sus paralelismos con la realidad, resumiendo tal intrincada temática en una afirmación tan simple como compleja en su desarrollo: pese a todo, los seres humanos tenemos el anhelo incuestionable de trascender…

Quizás porque el día a día nos somete a pruebas constantes, demasiado duras en ocasiones, es bueno e incluso reconfortante pensar que existe un poder ajeno a nuestro conocimiento, un ojo guía y vigilante, o tal vez suponer que entre nosotros caminan seres con habilidades especiales, y que llegado el momento de mayor necesidad pueden acudir en nuestra ayuda. La búsqueda incesante y la exigencia de creer, son atributos innatos del ser humano, propiedades que venimos asumiendo desde el inicio de la Historia, y que no han variado en exceso con la entrada en la era tecnológica.

Desde la revitalización de la temática del misterio, relacionada sin duda con el fenómeno del Romanticismo decimonónico, son muchos los que han buscado el lucro al amparo del credo y las esperanzas de los confiados. O de los necesitados. Convertido en espectáculo, el ocultismo se mezcla con la magia y se transforma en un fenómeno circense que protagoniza giras por los principales teatros, recurriendo a trucos burdos o más elaborados, pero en todo caso, falseando la realidad que enseña. “Tu cerebro te miente”, “¿qué crees saber?”, “desconfía de tus ojos”, o “la verdad es una ilusión”, son algunos lemas usados en la promoción de la película “Luces Rojas“, ideas que inciden en lo que aquí tratamos de describir.

Hace pocos días, saltaba la noticia del fraudulento poder vinculado a la conocida médium Anne Germain, y del bochornoso programa de Telecinco “Más Allá de la Vida” en el que, con toda impunidad, se juega, voluntariamente o no —el mundo televisivo es un enigmático arcano—, con el dolor y los sentimientos de quienes han perdido a un ser querido.

A pesar de lo llamativo, perturbador e incluso tentador de este asunto, he de reconocer que nunca creí en la veracidad de sus visiones, fundamentalmente por dos motivos: el primero de ellos afecta a la parafernalia y exhibición ignominiosa de sobra conocida que rodea al canal de Mediaset, alejado de la sensatez y del sentido común en la mayor parte de su programación. El segundo se ha convertido en uno de los detectores de fraudes más importantes de cuantos tengo conocimiento, una frase tremendamente significativa que actúa como un axioma cuya enseñanza deberíamos seguir firmemente: si alguien ha sido bendecido con ese don, y es capaz de ver lo que para otros está vedado, debe extender la bendición espiritual entre los necesitados, pero nunca aprovecharse de ellos. Puesto que ese poder único y especial le ha sido entregado gratuitamente, de la misma forma ha de ser compartido entre los demás. En el mismo momento en el que se impone el modelo del espectáculo o el afán recaudatorio, desaparece la veracidad espiritual y todo se transforma en un negocio miserable.

Pero, ¿acaso estamos defendiendo que todo el misterio es un engaño?; ¿Que todas las “habilidades especiales” o los “lugares de poder” son un fraude?. En absoluto. El mundo, y más aún el universo, están llenos de misterios ajenos a nuestro conocimiento, y mientras esperamos una explicación racional de lo desconocido, no nos queda más remedio que dudar. Quien sabe… Lo realmente importante al respecto, es que el individuo desarrolle la capacidad de analizar cada caso con sensatez, dejando los deseos o los sentimientos encerrados en un cajón. Vistos los puntos a favor y en contra, cada uno de nosotros debe ser capaz de crear una opinión propia, y por supuesto, reaccionar ante ectoplasmas charlatanes convertidos en millonarios sin escrúpulos.

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