Algunos apuntes sobre Alejandro Magno. (Arcaicos, 20).

Una buena manera de comprender la grandeza de Alejandro y su profunda huella en la Historia, es mediante el recuerdo de la anécdota recogida por Suetonio, en la obra Vidas de los Doce Césares. Este autor romano, dibuja con palabras la sorprendente estampa del gran Julio César, derramando lágrimas ante una estatua de Alejandro Magno alzada en el templo gaditano de Heracles-Melkart, por el simple motivo de que a la misma edad del romano, el rey macedonio había conquistado buena parte del mundo conocido. Es posible que esta anécdota no sea real, pero en cualquier caso nos remite a un ejemplo de frustración, derrota y al mismo tiempo, admiración hacia uno de los mejores señores de la guerra de la Antigüedad.

Desde joven desarrolló una ambición sin límites, y plasmó sus deseos de conquista en una campaña militar a gran escala que socavaría hasta hundirlos, los cimientos del gran Imperio persa. Pero la obra de Alejandro debe apreciarse con mucha perspectiva, planteando un análisis profundo más allá de la guerra y la conquista. En el inmenso estado que dejó a su muerte, extendido desde Grecia a las puertas de La India, se desarrollaron los influyentes reinos helenísticos de los Diádocos, gobernados por los más próximos al rey en vida, al mismo tiempo que se extendía un complejo modelo social y de pensamiento basado en el ejemplo civilizador de Grecia.

Hijo de Olimpíade de Epiro y del gran general Filipo II de Macedonia, Alejandro fue educado y entrenado para suceder en el trono a su padre algún día. La Corte real establecida en la ciudad de Pella, se llenó de artistas y pensadores griegos para influir en el joven príncipe,  destacando por encima de todos la figura del filósofo Aristóteles, uno de los sabios más importantes de la escuela de Platón. El misterioso asesinato del rey Filipo II en el año 336 a.C., fue el punto de partida para el gobierno de Alejandro, quien inmediatamente tuvo que movilizar a sus ejércitos para conseguir la obediencia de todos los griegos. Logrado el orden interno, se planteó un nuevo objetivo: atacar a los persas de Asia, enemigos naturales de la Hélade desde antiguo.

En Asia veremos las luces, muy brillantes, del Alejandro más genial, capaz de lograr victorias imposibles, venciendo a enemigos que le superaban en número, desarrollando movimientos extraordinarios en las batallas, y avanzando imparable hacia las capitales de Persia. Pero también lo peor de sus sombras, como la desconfianza, la ira desatada o el castigo hacia algunos de sus hombres más leales. La llegada a las puerta de La India supuso el final de su avance hacia Oriente, un camino que sólo se detuvo porque sus soldados se negaron a continuar. Atrás quedaban las grandes batallas: el río Gránico, Isos y Gaugamela; el viaje a través de la cordillera del Hindu-Kush, el encuentro con los elefantes del rajá hindú Poros, o el fatídico regreso a casa a través del desierto de Gedrosia.

Su último destino fue la ciudad de Babilonia, el mismo lugar en el que halló la muerte en 323 a.C., por un motivo aún desconocido. Tenía entonces 32 años, y había pasado buena parte de su vida guerreando. Su cuerpo, demasiado castigado, no pudo resistir. Pero la historia de Alejandro no termina con su muerte, sino que simplemente continúa. El gran Imperio fue dividido y repartido entre sus generales, que lo rompieron a golpes de ambición y codicia. La historia avanza, pero nosotros nos detendremos en este punto, para abordar un episodio muy significativo de la historia alejandrina: ¿Qué sucedió con su cuerpo?.

En el blog “desdelacasausher”, publicábamos el 23 de abril de 2011, un post sobre la aparición de un libro muy esperado que recoge todo el camino seguido por el cuerpo de Alejandro, desde Babilonia a la ciudad que llevaba su nombre en la desembocadura del Nilo: Alejandría de Egipto. El reconocido profesor, arqueólogo, investigador y escritor italiano Valerio Massimo Manfredi (1943), nos sumerge en esta historia con su trabajo: “LA TUMBA DE ALEJANDRO. EL ENIGMA”. Dejando a un lado el género novelesco, Manfredi trata de reconstruir los pasos seguidos por los restos del soberano macedonio. Su tumba fue venerada como la de un dios, foco principal de peregrinación en Oriente hasta el siglo IV d.C., cuando el mundo romano halló las reliquias de la Pasión y el sepulcro de Jesús de Nazaret, dando comienzo a un nuevo tiempo en la Historia. Visitada por los grandes señores de cada momento (como Julio César, Augusto, o los ya emperadores Septimio Severo o Caracalla), desapareció por completo entre la bruma del tiempo debido quizás, a los desastres naturales y al fanatismo bélico que se desplegó en la ciudad fundada por él mismo. Más adelante llegaría el Islam, y siglos después el colonialismo europeo. Nuevas leyendas nacieron en torno a la figura de un Alejandro, que ya se había convertido en inmortal…

Asimismo, hace algún tiempo nos hacíamos eco de una de las exposiciones temporales más importantes, relacionada con el rey macedonio, de cuantas han pasado por España. En el año 2010 la herencia de Alejandro había llegado a Madrid en una exposición que mostraba obras procedentes de los grandes museos de Europa: Atenas, Berlín, Londres, París, Roma o Viena. Su nombre: “ALEJANDRO MAGNO. ENCUENTRO CON ORIENTE”. La visita comenzaba con un magnífico audiovisual en 3D que nos acercaba a la figura del Magno, y al esplendor que alcanzó la más grande de sus fundaciones urbanas, su obra magna, Alejandría de Egipto. En el interior veremos otras recreaciones, como la extensión de la inmensa campaña militar o su entrada en la ciudad de Babilonia.

A partir de ahí nos adentrábamos en unas salas oscurecidas y teñidas de azul que pretendían dar fuerza a la exposición basándose en el color de la gran puerta de Isthar, y que buscaban la concentración y reflexión del visitante para trasladarle 2.300 años en el tiempo. Los vídeos previos, son una pequeña parte de las maravillosas recreaciones que pudimos disfrutar aquellos días pasados en la capital. Sirvan como epílogo momentáneo al esbozo virtual de una vida irrepetible, donde la historia y la leyenda amenazan con tocarse. No nos olvidamos, que en la ciudad de León (España), el museo del Instituto Bíblico y Oriental (IBO) guarda una gran colección permanente relacionada con la vida y la fe en torno a Alejandro Magno. Esa es otra historia, que no tardaremos en contar.

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