Homo Sapiens Ferus: los niños abandonados. (Arcaicos, 26).

Suponen todo un reto para la ciencia y la lógica humanas. Son capaces de crecer y sobrevivir en el medio más hostil, coincidiendo con  un momento de la vida en el que los seres humanos somos más dependientes que nunca. Sin embargo son varios los casos documentados a lo largo de los últimos siglos, de niños que han aparecido en medio de bosques, adaptados perfectamente a la vida salvaje y ocultando hasta el olvido los rasgos de los hombres. Algunos psicólogos opinan que la transformación de su comportamiento y su menor desarrollo se deben al aislamiento de la sociedad que les dio vida, la que, a fin de cuentas influye de manera muy decisiva en la cultura y la razón. Son los niños abandonados, ejemplos de infantes que han pasado mucho tiempo entre las bestias por diferentes motivos, y que cierto día son recuperados de las garras del bosque.

No hablamos de cuentos o relatos, sino de una realidad tangible, incluso adaptada por los mitos desde los primeros pasos de la Humanidad. Sus padres los abandonan en los primeros años de la vida, pensando que al menos tendrán una mínima oportunidad o tal vez en busca del destino más trágico, pero en ocasiones la naturaleza se apiada de ellos y son criados por animales, fundamentalmente lobos —lo que no deja de ser un nuevo misterio— hasta que se convierten en nuevos miembros de la manada. Hoy recuperamos esta entrada que fue publicada en el blog “desdelacasausher” en junio de 2011, y donde mostramos una realidad tan dura y cruel como esperanzadora.

LOS NIÑOS ABANDONADOS

La ciencia los llama Homo Sapiens Ferus o niños ferales. Han pasado buena parte de su vida alejados del contacto de otros humanos, y por ello su desarrollo es diferente. En algunos casos, han sido hallados en medio del ambiente hostil de junglas o bosques, y lo más sorprendente es que han sido cuidados por los animales. Los niños abandonados que sobreviven varios años entre las bestias son todo un desafío para la ciencia y la lógica humanas. ¿Cómo es posible que se adapten al medio, al frío y a la comida? ¿Cómo pueden ser criados junto a manadas de animales que los consideran como parte de su misma especie? Hoy, los casos de niños abandonados que viven en los bosques nos suenan a extrañas fábulas, pero han estado presentes a lo largo de toda la historia de la Humanidad.

Desde los casos más remotos que ya encontramos en La Epopeya de Gilgamesh (donde Enkidu es abandonado y vive entre animales), a la abundancia de testimonios en la mitología greco-romana, pasando por los relatos del Antiguo Testamento e incluso llegando a tiempos medievales, encontramos constantes referencias al abandono de infantes. Y qué decir de los cuentos clásicos recopilados por nombres como Charles Perrault o los hermanos Grimm, que se basan en tradiciones orales… ¿recordamos a Pulgarcito, Hansel y Gretel o Blancanieves? Todos ellos hablan de niños abandonados en circunstancias muy diversas, pero están ambientados en el tiempo en que sus autores los pusieron por escrito. Y por supuesto, cómo olvidar relatos ya inmortales, como “El Libro de la Selva” de Kipling o “Tarzán de los Monos” de E.R. Burroughs.

Pero en ocasiones la vida nos da un bofetón de realidad al ver que estas historias están presentes incluso en nuestro mundo. Desde el siglo XIV se vienen documentando casos de niños abandonados, historias trágicas y terribles que hoy se estudian como si fueran fábulas, dejando muy de lado la empatía que sentimos ante el horror del presente. Entre los más famosos, Victor de Aveyron (siglo XVIII) o las niñas Amala y Kamala de La India (1920). Cabe destacar un caso, que vivimos en nuestro solar patrio y no hace tanto tiempo: Marcos Rodríguez Pantoja. Descendiente de una familia muy pobre, fue vendido con apenas 6 años por su padre a un terrateniente andaluz que le encargó cuidar un rebaño de cabras en plena Sierra Morena. Pero pronto se olvidaron de él, y pasó cerca de 12 años viviendo entre los lobos.

Al conocer a Marcos se nos encoge el corazón ante la terrible experiencia de su vida y al ver las consecuencias que genera el aislamiento, pero tenemos la suerte de que él puede contarnos sus vivencias. Crecer en unas condiciones que devuelven al hombre a la Prehistoria, sólo puede significar la condena para un niño solitario. Si conocemos algunos de estos casos, quizás debamos pensar en todos aquellos de los que nunca tendremos noticias, aquellos niños abandonados que jamás fueron devueltos por el bosque…

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