El zodiaco de piedra de San Isidoro de León.

No es ningún secreto que la herencia cultural de Occidente sembró sus raíces en las grandes civilizaciones del Oriente antiguo, pueblos que derivaron en imperios capaces de desarrollar conceptos y avances que todavía hoy nos sorprenden. Aquellas gentes del este, sobre todo quienes habitaban la tierra entre dos ríos, la Mesopotamia, fueron capaces de dar un vuelco al pensamiento humano imaginando que el destino de los hombres se encontraba precisamente sobre sus cabezas. Mediante la observación  del cielo estrellado, dibujaron símbolos y caminos de adivinación hasta desarrollar un complejo sistema capaz de definir el futuro de los seres humanos, y que sólo fue abandonado con la llegada de la ciencia: hablamos de la astrología, el conocimiento de las estrellas.

Ese pensamiento mágico fue heredado y completado por los pueblos llamados a dominar el mundo conocido más tarde, los egipcios y los griegos. Sus pensadores más sabios, alzados sobre los hombros de gigantes anteriores, observaron un conjunto de estrellas que se movían siguiendo el mismo trazado que durante el día completaba el Sol y no tardaron en dibujar sobre la bóveda celeste seres mitificados, humanos o animales que definieron en una docena de partes la duración del año natural. Fue el origen del zodiaco.

Desde Grecia este conocimiento llegó al mundo romano, y a partir de entonces, a cualquier lugar en el que se extendieron sus conquistas. La cristianización del pensamiento y la Edad Media no apartaron de raíz los conceptos del zodiaco, que a menudo fueron reflejados y representados en los templos como ejemplo de adaptación del paganismo e incluso con rasgos cronológicos. Pero no debemos olvidar que el arte medieval tiene entre otras, una función divulgativa, a la par que esconde un conjunto de claves y mensajes que a menudo se escapan de los ojos del presente.

Este camino por los orígenes del pensamiento, nos lleva hasta la meta final: la basílica de San Isidoro de León, espacio sagrado forjado en el medievo, y quién sabe si antes incluso, donde el simbolismo toma forma de piedra para transmitir un conocimiento ignorado. Si nos dirigimos hacia el paso principal por el que se accede a la iglesia, que lleva el nombre de Puerta del Cordero por las escenas que refleja el tímpano superior, y alzamos la vista, veremos a derecha e izquierda los símbolos zodiacales, uno de los pocos ejemplos de este tipo de arte que tenemos en España.

Desde la siniestra del observador, contemplamos en primer lugar Piscis, formado por dos peces contrapuestos y un pescador tras ellos. Acuario es el aguador, un hombre con dos odres de los que brotan manantiales. Capricornio aparece como el gran enigma de este zodiaco, aunque a simple vista se trate del degollamiento de un animal; sin embargo, coincidiendo con el renacer de la luz al final del año, tiempo de esta constelación, el paganismo se representa en la forma del dios oriental Mitra. Sagitario es aquí un centauro que dispara su arco, mientras una orda de serpientes se enrosca sobre su cuerpo. Debemos imaginar que Escorpio habría de ser un escorpión, aunque su forma era variable en función del conocimiento del artista. Libra es el símbolo de la justicia, humana o divina, transformada en una mujer que pesa en su balanza el comportamiento del juzgado.

Si seguimos el recorrido hacia la derecha, aparece Virgo, la dama de las flores y la fertilidad de los campos, aunque al mismo tiempo, el ejemplo de la virtud virginal. Leo es representado como un león que vuelve su cabeza para atacar a las serpientes, aunque la claridad de la escena no es completa, por la presencia de un extraña anfibio en el cuadro. Cáncer exige la imagen de un cangrejo, aunque en este caso, el animal tallado en piedra nos puede remitir de nuevo al desconocimiento del artista, como sucedió antes con el escorpión. Géminis es la réplica, la simetría, la imagen de dos gemelos sosteniendo un tomo, que puede aludir al culto cristiano de parejas de santos. Tauro presenta a un toro de frente, rendido ante dos hombres que parecen dominarle. Por último encontramos a Aries, el carnero que inicia el equinoccio de primavera y que en este caso cierra el zodiaco de San Isidoro.

Esto ha sido un simple acercamiento hacia una obra que esconde un simbolismo mucho más profundo y complejo, y que a menudo se relaciona con la historia vivida en el lugar. Queda hecha, por lo tanto, la invitación para conocer más de cerca el mensaje oculto en uno de los templos más importantes del pasado y también el presente leonés.

Anuncios

Un comentario en “El zodiaco de piedra de San Isidoro de León.

  1. Me ha encantado, sobre todo la magia que se encuentra detras de cada parte de la historia, de cada trozo de piedra que se transforma en arte que expresa la maravilla de aquellos pensamientos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s