Lluvia de estrellas: las Leónidas. (Arcaicos, 28)

Un año más, se han abierto las puertas del último mes y nos aproximamos a una de las fechas más importantes del calendario: el solsticio de invierno, el momento de la regeneración de la luz y del crecimiento en la duración de las horas de Sol. Sin entrar (en esta ocasión) en asuntos simbólicos relacionados con las civilizaciones antiguas, hemos de indicar que estos cambios son producidos por el ordenamiento  cósmico. Y hablando de fechas de fin de año, calendarios y orden de los astros, es menester recordar otra fecha clave para los amantes de la astronomía y los fenómenos cósmicos que ha pasado hace apenas unas semanas. La lluvia de estrellas del mes de noviembre, las conocidas “Leónidas”, porque parecen emanar de la constelación de Leo.

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Han pasado ya dos años desde el momento en el que escribíamos un post en el blog “desdelacasausher” dedicado a este fenómeno, y aprovechando que las fechas se cumplen con relativa aproximación, llega el turno de su recuerdo. Hablaremos de las estrellas, de su realidad física, y acabaremos con el mito de las Leónidas, que en realidad no son otra cosa que polvo de estrellas esparcido al paso de un cometa. ¿Queréis conocer al Tempel-Tuttle?. Seguid leyendo…

LLUVIA DE ESTRELLAS: LAS LEÓNIDAS DE NOVIEMBRE

Cada año hacia mediados del mes de noviembre, se produce uno de los fenómenos astronómicos más atractivos y curiosos de cuantos podemos disfrutar los aficionados a la astronomía: la lluvia de las Leónidas, estrellas fugaces que parecen proceder de la constelación de Leo, de ahí su nombre.

Sin embargo, y dejando de lado el romanticismo espacial, las lluvias de estrellas no son más que residuos en suspensión dejados por el paso de un cometa (en este caso el Tempel-Tuttle), que entran en contacto con la órbita descrita por la Tierra alrededor del Sol.

El cometa Tempel-Tuttle fue identificado por vez primera en el siglo XIX y recibe el nombre de sus “descubridores”. En su tránsito alrededor del Sol, en ocasiones se acerca lo suficiente a éste para que sus partículas se desprendan y permanezcan detenidas formando una especie de rastro residual con el que choca la Tierra de frente, y al contacto con la atmósfera se desintegran produciendo el fenómeno luminoso.

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