“El Viejo y el Mar”

Dicen que los pescadores que remontan el oleaje, son capaces de levantar la piel del mar para descubrir lo que hay debajo. Algunos prefieren modificar el género y hablar en femenino. “La mar”, dicen. Así el día a día trascurre al lado de una apasionada amante, embriagadora y mágica en su seducción unas veces, cruel y despiadada otras. Desde el punto de vista de lo literario y lo poético, pocos elementos naturales poseen un impacto tan desgarrador, que sobrecoge el alma mientras las musas marinas proyectan la inspiración de las grandes historias. Esta es una de ellas. Un relato inmortal que exhibe a sus protagonistas desde el mismísimo título: “El Viejo y el Mar”.

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La década de los años cincuenta, fue especialmente intensa en la vida de Ernest Hemingway. Después de recorrer el mundo, y sobrevivir a los grandes conflictos bélicos de la primera mitad de la centuria, se había afianzado como escritor y periodista. Estados Unidos, Francia, Canadá, España, Italia, Cuba… Cada destino era un experiencia, y cada experiencia una idea que plasmar sobre el papel. Algunas de sus grandes obras ya habían visto la luz. Ahí estaban “Fiesta”, “Adiós a las Armas” o “Por quién doblan las Campanas”. Pero normalmente, la gran obra del escritor sigue pendiente de un esbozo, hasta que, en algunas ocasiones le llega su turno. Entre 1952 y 1953 vio la luz “El Viejo y el Mar”, la historia de un pescador que consagró a Hemingway como uno de los autores más importantes del siglo XX y que le abriría las puertas de los grandes reconocimientos: los premios Pulitzer y Nobel.

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“Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y estos tenían el color mismo del mar…”. Por encima de todo, esta es una historia de tesón y persistencia, el relato de un hombre que no acepta la derrota, porque las páginas de la obra dicen que los hombres no están hechos para eso. La adversidad es fuerte, pero también lo es el empeño y las ganas de salir adelante. Sin lugar a dudas, toda una lección de vida que hoy en día, es más actual que nunca.

En una pequeña aldea de pescadores, los hombres se enfrentan cada día al mar desde sus sencillas barquitas de remos. El anciano Santiago es uno más. Su piel también se curte bajo el sol protegida simplemente por una sencilla pátina de salitre. Sin embargo, le persigue el infortunio. Hace más de ochenta días que no pesca nada y sus vecinos comienzan a temer que la maldición del viejo se extienda atrapándolos a todos. El resto de la historia está escrita sobre el papel.  Junto a la de la lectura, una recomendación final: este corto de animación, de origen ruso pero titulado “The Old Man and the Sea”, (1999), premiado internacionalmente, donde se las palabras cobran vida en un conjunto de imágenes animadas inolvidables.

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