“Sobre Escritos y Escritores”: Haruki Murakami

Nadie dijo que fuera sencillo hablar de Murakami. De hecho, no lo es. Porque él no es un escritor al uso, ni sus obras se etiquetan con facilidad. Hay quien habla de autor espiritual, o recurre a la expresión “realismo mágico” que de por sí, es una completa contradicción. Prefiero pensar que es un autor que domina el simbolismo y el significado real de la mitología japonesa —o al menos los comprende y es capaz de emplearlos con eficacia—, conceptos que para el lector occidental son simplemente ajenos al entendimiento. Asistimos a un momento en el que nuestras raíces míticas permanecen enterradas bajo capas y capas de realidad, y ni siquiera conocemos el significado que se esconde tras la mitología grecorromana, que a fin de cuentas, es de la que hemos bebido para dar forma a la sociedad occidental. Por eso, cuando leemos a Murakami sacamos la conclusión de que su obra está llena de fantasía, sin saber que la presencia de animales encantados, pasadizos que unen diferentes realidades o los sueños reveladores, nos hablan de mitos que se hunden en lo más hondo de la memoria tradicional japonesa. Por encima de estas concepciones, asistimos al desarrollo de un mundo más terrenal, en el que los personajes exploran las mismas emociones del día a día. La soledad, la búsqueda del amor, el sentido de los acontecimientos cotidianos, las emociones incontrolables, el sexo, el dolor…

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Algunos de estos aspectos se exploran en la obra que le ha abierto las puertas del mundo y de la que ha vendido millones de ejemplares: “1Q84”. Planteado como un escrito monumental compuesto por tres tomos, estudia la realidad universal, la visible y la invisible, en la que tienen cabida las emociones humanas, lo anodino de lo cotidiano y el asombro cuando lo imposible toma forma. Pero, ¿cuál es el argumento de esta obra? Sinceramente, es mejor no saberlo y descubrirlo poco a poco a medida que avanzan las páginas.

Toda la novela sigue la forma de El clave bien temperado de Bach, dos ciclos de preludios y fugas compuestos en todas las tonalidades mayores y menores de la gama cromática. Cada libro de esa obra, como el mío, tiene 24 partes. Alterno la historia de la chica, la del chico, la chica, el chico… de modo absolutamente simétrico. Cada pequeño fragmento puede leerse por sí solo y el conjunto aspira a contener todos los elementos de nuestro mundo actual. Tenía que ser una estructura repetitiva e ir variando la intensidad en cada capítulo.(Fragmento de una entrevista en La Vanguardia, 11/06/2011, a la que se puede acceder desde aquí). 

Precisamente ahora, cuando sale a la venta en España la nueva obra de Murakami, “Los Años de Peregrinación del Chico sin Color”, es un buen momento para acercarse a este autor, descubrirlo o seguir flotando por sus universos, como lo hicimos de la mano de Tengo y Aomame en la réplica orwelliana, “1Q84”. Seguir hablando supone dar demasiadas pistas…

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