Tras las huellas del Rey Escorpión

Retroceder 5.000 años en el tiempo no es una tarea fácil para el historiador. Tampoco lo es para la imaginación, obligada a recrear un mundo completamente distinto al presente, un rincón en el que la magia y la realidad caminan de la mano, donde se alzan líderes primitivos y se forjan las raíces de los imperios. La tierra entonces era joven. Los hombres también. Y el beneplácito de los dioses forjaba el destino.

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Nuestro mapa del mundo se abre en medio de una tierra inhóspita, severa, en el límite entre dos continentes. El río Nilo la atraviesa de Sur a Norte como una herida que no se cierra nunca, y que precisamente por eso, porque brota sin fin, es fuente de vida para las comunidades de pequeñas aldeas que nacieron a sus orillas. Hablamos de Egipto, del dominio de los faraones y las pirámides, los dioses de las estrellas y los templos monumentales. Pero antes de todo esto, hubo un mundo precedente, un recuerdo de lucha y violencia para unir el país. Y un gobernante que forma parte de la mitología universal: el rey Escorpión.

Antes de las dinastías y de los faraones, a tres mil años de distancia del nacimiento de Cristo, los reyes del norte guerreaban contra los del sur mientras se forjaba la idea de unificar el territorio bajo el mando de un único señor. Ahí surge la figura del rey Escorpión, un poderoso monarca cuya huella quedó marcada en la historia. Pero nuestro conocimiento sobre este personaje se desdibuja si tenemos en cuenta que no hubo un Escorpión, sino al menos dos.

En el año 1898, un grupo de arqueólogos británicos halló en la ciudad de Hieracómpolis los restos de la cabeza de una maza de gran tamaño. Data de un momento indeterminado próximo al 3.000 a.C., está tallada en caliza y muestra unas escenas en bajorrelieve plagadas de simbolismo. Un soberano coronado como rey del Alto Egipto porta una azada entre sus manos y participa en un acto ritual relacionado con la apertura de un canal por el que fluye el agua. A su lado, la imagen de un escorpión sirve para identificar al personaje. Esta pieza, conocida como “Maza del Rey Escorpión” se conserva actualmente en el Ashmolean Museum de Oxford, constituyendo una de las más importantes de toda su colección.

Maza del rey Escorpión

Noventa años más tarde, en 1988, el egiptólogo alemán Günter Dreyer descubrió en las excavaciones de la tumba Uj, en la ciudad de Abydos, evidencias del nombre del monarca Horus Escorpión, perteneciente a un rey mucho más antiguo, lo que desató las cadenas del debate académico.

¿Quién es el monarca que hemos llamado Escorpión y cuya obra se ha representado en una maza ceremonial? ¿Quién es Horus Escorpión y cómo gobernó en un tiempo precedente? Por el momento todo son hipótesis y conjeturas en torno a una época fundacional que poco a poco revela nombres más y más antiguos. Las puertas del III milenio se abren hacia un camino todavía nebuloso, donde sólo la constancia y la investigación pueden aportar claridad. Como dijimos al principio, no es fácil retroceder cinco mil años en el tiempo. Aún nos queda mucho por saber.

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