El Batman de Tim Burton y la génesis del personaje

batman_1989_movie_elmurrialCuando en el año 2005 se estrenaba la primera parte de la que se ha llamado Trilogía del Caballero Oscuro, la crítica y el público llegaron a un insólito punto de encuentro —especialmente extraño en lo que a este género se refiere—, alabando el trabajo de Christopher Nolan como director y guionista. Después de arrastrar su fama por un árido desierto de producciones lamentables en los años noventa, el murciélago regresaba con fuerza a las pantallas de los cines.

Es posible que muchos  ya lo hayan olvidado o quizá nunca llegaron a verlo con sus propios ojos, pero en la mencionada década, el personaje de Bob Kane protagonizó algunas aventuras hollywoodienses cuyo infame resultado no mereció más que un punto y aparte. Es más, un largo periodo de descanso, reflexión y reorientación para decidir si definitivamente, Batman había muerto como personaje de carne y hueso o tal vez se merecía una última oportunidad.

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Actores como Val Kilmer, Nicole Kidman, Jim Carrey, Chris O`Donnell, George Clooney, Uma Thurman o Schwarzenegger, participaron en aquellos proyectos bautizados como Batman Forever (1995) o Batman y Robin (1997), a los que hay que unir la honrosa excepción de Batman Returns de 1992. Después del noventa y siete, simplemente oscuridad. Necesaria y casi anhelada oscuridad.

Pero, ¿a qué venía semejante interés entonces? El motivo es el mismo de hoy. El éxito. Si el Caballero Oscuro ha propiciado el inminente encuentro de los dos colosos de DC, Batman y Superman, en la próxima Dawn of Justice (2016), el desencadenante del furor noventero fue una obra que, como la de Nolan, rescató al personaje del fango de la infamia: Batman (1989), dirigida por Tim Burton. Hablaremos de ella, la conoceremos y descubriremos su importancia, pero antes, es necesaria una aproximación al origen del mito, del personaje, y a los altibajos que ha vivido a lo largo de casi un siglo. Porque ahora, justo ahora, se cumplen 75 años del primer Batman, aquel justiciero que creció a la sombra del hombre de acero en las viñetas del cómic norteamericano. ¿Qué mejor momento para echar la vista atrás?

LA GÉNESIS DEL PERSONAJE

Las civilizaciones antiguas previas al horizonte del logos griego, recurrieron a los mitos para poder explicar todo lo incomprensible de la realidad cotidiana. Es por eso que, a menudo, detrás de una simple apariencia humana o animal, el producto del mito esconde un significado mucho más profundo, que habla entre susurros de las necesidades de los hombres. Poco a poco, las historias se fueron diversificando al tiempo que modelaban nuevos héroes, seres poderosos que si bien no pertenecían a la categoría de los dioses, eran capaces de hazañas impensables para cualquier mortal. Lo más curioso de todo esto, es que han pasado decenas de siglos desde entonces, y todavía hoy, seguimos necesitando héroes. Y teniendo en cuenta que no suelen brotar espontáneamente, no nos queda más remedio que volver a usar la imaginación para darles vida. Así somos.

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El primer Supermán (Action Comics, nº1, junio 1938) y el último (Superman #39 cuya publicación por DC Comics está prevista para febrero de 2015)

Es posible que a partir de los referentes mitológicos, y a raíz de la necesidad de darle un aire nuevo al entretenimiento infantil, tomara forma la idea de Supermán. Con su aparición en el primer número de la serie Action Comics de 1938, se inauguraba el género de los superhéroes, que todavía hoy, debidamente evolucionado, sigue gozando de buena salud. Supermán era un personaje necesario para la imaginación infantil y sin lugar a dudas, un hijo de su tiempo. En sus primeras historias se refleja la delicada situación política de la época. Aquel superhéroe de ropa azul y capa roja, todavía demasiado pueril, se reveló rápidamente como un éxito editorial de modo que rápidamente se planteó la creación de un nuevo superhéroe. ¿Quizás un enmascarado?

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Primera aparición novelada de El Zorro (1919) en la historia “La maldición de Capistrano”. A su lado, el personaje de The Shadow, en sus versiones radiofónica y editorial.

La figura del protagonista enmascarado ya existía en la narrativa de ficción contemporánea desde principios del siglo XX. El personaje de El Zorro (1919), de Arthur Johnston McCulley fue uno de sus más claros referentes. En la California colonial que sirve de escaparate a sus historias, encontramos algunos recursos que serán empleados posteriormente, como la lucha contra lo injusto, la idea de la doble identidad del héroe o la pertenencia de la personalidad civil a la alta sociedad. Podemos encontrar referencias en infinidad de productos, pero uno muy interesante tomó forma en los años treinta, a raíz de los seriales radiofónicos de aventuras en los que incluso llegó a participar el mismísimo Orson Welles. Su nombre, The Shadow (La Sombra), oculto tras ropas negras y un sombrero oscuro de ala ancha.

NOTA: Si quieres escuchar unos segundos de este serial haz click aquí.

Es precisamente en esa década, la de los años treinta, cuando Bob Kane, un dibujante de tiras cómicas e historias de aventuras empieza a perfilar los esbozos de su personaje. Siguiendo el exitoso estereotipo que suponía Supermán, las primeras representaciones del murciélago son coloristas y llamativas, con un ceñido traje rojo, pelo rubio, y unas alas “davincinescas” que le brotaban de la espalda.

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A la izquierda, homenaje del ilustrador Phil Cho a Bob Kane con una representación moderna del primer Batman. Arriba a la derecha, una escena del libro “Bill the Boy Wonder: The Secret Co-Creator of Batman”, de Marc Tyler Nobleman y Ty Templeton. Abajo, un “what if …?” o ¿qué hubiera pasado si…?. En este caso, Batman sin la mano de Bill Finger.

Todo esto cambia, y entra en una nueva fase de diseño cuando se une al proyecto Bill Finger, un hombre que tradicionalmente ha sido denostado y excluido en el reconocimiento de la autoría de Batman. Pero su presencia fue imprescindible ya que es quien dota al personaje de la apariencia oscura y gris con la que le conocemos hoy en día.

La primera vez que vemos a Batman, presentado entonces como “The Bat-Man”, es en el número 27 de la serie Detective Comics, en mayo de 1939, en una historia de detectives titulada The Case of the Chemical Syndicate. La acogida del público fue espectacular y en pocos meses la popularidad del personaje creció como la espuma.

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El personaje de Joker aparece por primera vez en el BATMAN #1 (1940), cuando ya existía Robin. De manera extraoficial el villano se inspira (o se copia, según se mire) en el personaje del actor alemán Conrad Veit (1893-1943) de la película “The Man who Laughs” (El hombre que ríe) de 1928, obra que a su vez se basa en una novela dramática del escritor francés Victor Hugo.

La década de los cuarenta es la del afianzamiento definitivo. Las aventuras empiezan a publicarse en su propia línea editorial, síntoma inequívoco de que las cosas marchan bien. El universo oscuro y decadente se desarrolla alrededor del protagonista, y nuevos personajes no tardan en aparecer. El primero es su mano derecha, Robin, al que el paso del tiempo no le ha hecho ningún favor, a pesar de ser muy apreciado entonces. Después llegará el mayor de sus enemigos, el Joker, que inaugura una de las grandes bazas de las historias de Batman: la extraordinaria galería de villanos que han ocupado el papel de némesis. Antes del final de la década, y gracias a la buena acogida del cómic, Batman fue llevado en dos ocasiones a la televisión. La primera, en 1943 con Lewis Wilson como protagonista, y años más tarde, en 1949 con Robert Lowery. Estas son las primeras evidencias de que el coqueteo con las cámaras convertía al murciélago en un héroe descafeinado.

– “Batman” (1943)

– “Batman and Robin” (1949)

En los años cincuenta, la maquinaria del cómic norteamericano permaneció bajo la sombra de la censura, debido al Comic Code Authority —por el que las editoriales auto-regulan sus contenidos y apuestan por historias tan blancas como ridículas—, y por el texto de F. Wertham La Seducción del Inocente (1954) donde pone en duda el buen hacer de estas obras y su utilidad en la educación, e incide en la perversión que genera sobre las mentes en desarrollo. Los años sesenta apuestan por una nueva línea editorial que devuelve la oscuridad al personaje, pero la televisión llama otra vez a la puerta y todo este mundo que parecía recuperarse, cae de nuevo en un periodo bochornoso. ¿Qué decir de la serie protagonizada por Adam West? ¿Qué decir de la estética colorista y sesentera? ¿Del aire cómico que lo impregna todo? ¿De las onomatopeyas cruzando la pantalla? ¿De un Batman con cejas? (¿De la escena del tiburón en el minuto 7:35 del vídeo siguiente…?)

Afortunadamente la evolución continuó en las décadas siguientes, dejando atrás la psicodelia y la experimentación, incidiendo en historias en papel más maduras y cada vez más orientadas hacia un público adulto. Títulos como Batman: The Dark Knight Returns (Frank Miller, 1986), Batman: año uno (Frank Miller, 1987) o Batman: The Killing Joke (Allan Moore, 1988), alzaron al personaje a sus cotas más altas y fijaron los conceptos contemporáneos del personaje. Sólo quedaba esperar la redención cinematográfica, que llegaría a finales de los años ochenta.

EL BATMAN DE TIM BURTON

El Tim Burton que asume la compleja empresa de devolver el honor perdido al héroe en su formato de carne y hueso, todavía no es el director de culto que conocemos hoy. Burton viene de hacer algunos cortos —Vincent y Frakenweenie—, en los que deja escapar algunas ideas de ese mundo macabro y particular que se cocina dentro de su cabeza, y dos películas, La Gran Aventura de Pee-wee y Beetlejuice, en las que persiste el aroma tétrico y singular de su creador. Es por esto que, cuando se anunció el proyecto, muchos temían el posible resultado. Una idea que se reafirmó al conocerse el casting, especialmente en lo que al protagonista de la cinta se refiere. Junto a Michael Keaton con el doble papel de Batman / Bruce Wayne, se elige a Kim Basinger para dar la réplica femenina, que hasta ese momento era recordada por la obviedad del personaje de Nueve Semanas y Media. En un intento de aumentar el prestigio de la película, se buscó a un actor consolidado y de reconocido prestigio, y tras muchas deliberaciones Jack Nicholson se sumó al elenco para dar forma a un nuevo Joker.

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El guión bebió mucho de las obras esenciales que, como pilares contemporáneos, han servido para dar forma al Batman de las últimas décadas: The Dark Knight Returns (Frank Miller, 1986) y The Killing Joke (Allan Moore, 1988). Y a partir de ellas, se exploran los orígenes del murciélago en medio de una atmósfera sucia, angustiosa, criminal y decadente, que nos envuelve por las calles de Gotham hasta destacarse como uno más entre los personajes, siendo una de las grandes bazas de la película. El villano no podía ser otro que el Joker, que mantiene el pulso narrativo con el señor de la noche, pero que, desde el punto de vista interpretativo, devora sin piedad al resto de los actores.

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El Joker de Nicholson es un ser histriónico y agotador, extravagante e infame como pide el personaje, pero tal vez excesivo en ocasiones. Sin embargo, es justo decir que hasta Heath Ledger (1979-2008) ha sido el mejor Joker de la historia.

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En cuanto a Batman, su apariencia es de agradecer, sobre todo después de lo visto hasta el momento. Es creíble y ordenada, pura corrección. Michael Keaton se desenvuelve mucho mejor en el mundillo del playboy millonario Wayne, pero lo que nos propone es cuanto menos, algo serio.

Lo mejor de esta película, por este orden son sus buenas intenciones, la maravillosa ambientación, los matices del villano y los gadgets que orbitan alrededor del héroe, desde el Batmóvil a la Batseñal que se proyecta en el cielo cuajado de nubes… o de vapor sucio que emana de la ciudad. Sin olvidar, por supuesto, la banda sonora de Danny Elfman, cuyo tema principal sirve como inconfundible carta de presentación desde las primeras notas.

– Si queréis escuchar “The Batman Theme” de Danny Elfman, haced click aquí

En resumen, una película imprescindible para los amantes del personaje, sobre todo por la importancia que tuvo a la hora de marcar un punto de inflexión en la trayectoria cinematográfica del mismo. Lo que llegó después no es motivo de orgullo, al menos hasta que el bueno de Nolan dio un puñetazo en la mesa, pero ese es otro tema del que tal vez hablemos aquí algún día.

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