“DORMIR PARA ESTAR QUIETO”

Relatos_inmateriales_01

Hace algunas semanas, la Fundación Pública Gallega Camilo José Cela convocaba un concurso de microrrelatos cuyo punto de partida a partir del cual desarrollar la narración, era el comienzo de la obra de Cela Viaje a la Alcarria, es decir, lo siguiente: “El viajero está echado, boca arriba, sobre una chaise-longue forrada de cretona…”. Después de una votación pública mi propuesta se quedó por el camino (ohhh…) pero recuerdo que al terminar de escribirlo me sentí especialmente satisfecho del resultado, al menos durante un par de minutos. Sabiendo que ya no tiene opciones en el concurso, me gustaría compartirlo con vosotros.

Tengo intención de reunir algunos más en este apartado que he llamado #relatos inmateriales. La obviedad del caso me impide dar más explicaciones. De momento, este es el primero.

DORMIR PARA ESTAR QUIETO

El viajero está echado, boca arriba, sobre una chaise-longue forrada de cretona. A través del movimiento limitado de sus ojos, puede percibir parcialmente la realidad: la ventana cuarteada por la que se cuela el halo de luz en el que flotan como peces las motas de polvo; la pared forrada de estantes; los estantes forrados de libros. Nunca debió cruzar el vestíbulo. Por debajo de la puerta se cuela la presencia ambulante de una suave corriente de aire. Él trata de incorporarse pero no puede moverse. Vuelve a intentarlo. Lucha con todas sus fuerzas, pero lo único que consigue es que su brazo derecho se libere del nudo que formaban los dedos entrelazados sobre el pecho. Al caer, se estrella contra el suelo como un pedazo de carne muerta. Se aproximan pasos. Alguien entra. Es ella. El reducido espacio de la habitación acoge algunas de las pasiones inmateriales que definen al ser humano: deseo, amor, desamor, sospecha, traición, celos, ira, posesión y miedo.

—El sedante es muy potente, cariño —dice ella—. Ahora que por fin te he encontrado, no voy a dejar que te vayas de aquí. Yo estoy al final de tu viaje y te cuidaré siempre, aunque de vez en cuando me obligues a hacerte dormir.

Él intenta decir algo, pero su grito de socorro apenas es un balbuceo inaudible.

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