El caso Harry Quebert o la cuenta atrás de un escritor en Aurora

Dice el autor que Aurora «es una pequeña ciudad al borde del océano, aproximadamente a un cuarto de hora de la frontera con Massachusetts». Es de suponer que sólo se puede llegar hasta allí atravesando la red de carreteras secundarias, aunque a poca distancia circula el cauce de la Federal Uno en rumbo de colisión directa con el estado de Maine. Aurora es uno más de tantos rincones que aún quedan por descubrir en los Estados Unidos, inexistente para la mayoría aunque con no pocas pretensiones de llegar a ser algo más. Sin embargo es bien sabido que lugares como ese, motas de polvo en mitad del mapa, sólo suelen alcanzar fama y notoriedad cuando las noticias dan cuenta de algún suceso luctuoso que hace añicos la tranquilidad.

A311305

Retrato de Orleans, Edward Hooper, 1950. (Museo de Bellas Artes de San Francisco)

Para la edición en castellano de La verdad sobre el caso Harry Quebert (Alfaguara, 2013), la editorial ha elegido como imagen de portada un fragmento de la pintura Retrato de Orleans (1950) de Edward Hopper, artista del costumbrismo y de los espacios vacíos e involuntario gurú hollywoodiense en la estética y composición de algunos planos inmortales. Buen tino, sin lugar a dudas, porque cuando el espectador contempla detenidamente esa escena de la encrucijada (sin espacio a la diestra para la gasolinera, con los vehículos tan alejados que parecen abandonados, el poste de la luz formando un crucifijo frente a la torre de la iglesia y una sola persona como representante viva de la especie), algo se remueve en su memoria. La atención permanece atrapada en la imagen y todo alrededor parece experimentar la invasión de una extraña sensación familiar.

la_verdad_sobre_el_caso_harry_quebert_alfaguara_elmurrial

La verdad sobre el caso Harry Quebert. Portada de la edición en España (2013)

Una de las mayores virtudes de esta historia, es que encierra en sí misma otras muchas que podrían servir para ilustrar cada capítulo del libro de las pasiones humanas. Y sin ánimo de revelar ni una sola palabra más allá de las debidas —aunque desde la solapa a la contraportada los editores ya se han encargado de hacerlo—, creo que es posible afirmar que La verdad sobre el caso Harry Quebert asienta los cimientos de sus tramas en la idea de frustración vital del individuo, esa insondable distancia entre lo que se anhela y lo que se consigue, esa sensación de estar a punto de tocar la felicidad con la yema de los dedos, y sin embargo… sólo estar a punto.

Si como lector —y autor de las palabras que con paciencia estás leyendo—, tuviera que destacar algún concepto llamativo, ese sería el metaliterario o la permanente reflexión que los personajes hacen sobre el oficio del escritor, sus inseparables claroscuros y esa orgullosa sensación del artesano que es capaz de dar forma ordenada a la tinta sobre el papel. Aquí conoceremos —si es que alguna vez no lo hemos  sentido ya—, el peso de la soledad durante la lenta creación, la necesidad de que se encienda a cada paso la chispa del ingenio, la opción más que necesaria de seguir una disciplina militar y la defensa a capa y espada del trabajo escrito antes de doblar la cerviz ante la exigente presión del mercado editorial. Hallaremos vidas sencillas, sueños truncados, héroes elevados tan rápido como rápidas son sus caídas, y por supuesto, secretos. Muchos secretos. El título hace referencia a la búsqueda de la verdad y eso, de manera implícita, es una llamada a la investigación.

La voz que nos guía en primera persona a través de la historia es Marcus Goldman, un joven escritor sobrado de talento que sin haber cumplido los treinta se ha convertido en «la gran promesa de la literatura norteamericana», como él mismo afirma. Su primera novela le ha llevado al universo de la fama, del dinero y de la vanidad a raudales —es aquí donde confirmamos que, efectivamente, nos movemos en el terreno de la ficción—, triada difícil de domar en un día a día que para él ha durado demasiados meses. Pero cuando su poderoso editor le pide una segunda novela tan intensa en emociones y ventas como la primera, Marcus se da cuenta de que es incapaz de enlazar unas sola frase.

# Comprendí que tenía que ponerme a ello, y de hecho me puse. Escribí ideas en hojas sueltas y esbocé algunas tramas en mi ordenador. Nada merecía la pena. Pensé entonces en otras ideas y desarrollé otras tramas. Sin éxito. Finalmente compré un nuevo ordenador con la esperanza de que incluyera buenas ideas y excelentes tramas. En vano. Intenté después cambiar de método: obligué a Denise a quedarse trabajando hasta altas horas de la noche para que tomara al dictado lo que yo pensaba que eran grandes frases, palabras oportunas y excepcionales comienzos de novela. Pero siempre al día siguiente las palabras me parecían sosas, las frases cojas y mis comienzos, finales.

Joël Dicker, La verdad sobre el caso Harry Quebert.

Para superar el temido bloqueo del escritor, Marcus Goldman recurre a su mentor, Harry Quebert, honorable profesor universitario y autor de una de las obras literarias más importantes de las últimas décadas, Los Orígenes del Mal, que ha conseguido el reconocimiento de la crítica, el estamento académico y el público. Harry ha elegido un estilo de vida contemplativo en el retiro de Aurora, la ciudad imaginada por Joël Dicker en el estado de New Hampshire, en una hermosa casa próxima a la playa, las gaviotas y los recuerdos. Porque si hay algo que abunda en Aurora, eso son los recuerdos.

Ya desde las primeras páginas, se nos revela un recurso narrativo que el autor repetirá constantemente a lo largo de la obra, y que combina con distintas versiones de los acontecimientos descritos, ahora en tercera persona: el salto en el tiempo, avance y retroceso en una línea generacional de más de treinta años que permite indagar plenamente en las vidas de los personajes.Todo comienza con un terrible suceso ocurrido en Aurora durante el verano de 1975; una joven de apenas 15 años, Nola Kellergan, desaparece sin dejar rastro. Fue vista por última vez huyendo por el bosque mientras un hombre sin identificar perseguía sus pasos. Después, nada más.

(Salto en el tiempo…. Avance hacia el futuro).

Estamos en el mes de octubre de 2008 y Marcus Goldman, a quien ya conocemos, vuelve a saborear las mieles del éxito. Ha sabido sortear el bloqueo del escritor y con su segunda novela, basada en la investigación del caso Nola Kellergan, se confirma como un autor superventas a pesar de su juventud. ¿Qué ha sucedido por el camino? ¿Qué papel juega Harry Quebert en todo esto? ¿Eres capaz de atar los cabos sueltos? ¿No? Pues pasa a la siguiente página y empieza a leer, porque el libro no ha hecho más que comenzar. Todo esto sólo es una introducción a modo de prólogo.

Joel_Dicker_ elmurrial

Joël Dicker (Genève, 1985) @JoelDicker

El autor de La verdad sobre el caso Harry Quebert, es el ya citado Joël Dicker (1985), un joven franco-suizo que apunta a ser un velado trasunto del protagonista del libro, con el que comparte edad y oficio, y atendiendo al índice mundial de ventas de este “Caso Harry Quebert”, podría decirse que resultados y éxito.

De manera oficial se trata de su segunda novela, después de Les Derniers jours de nos pères (Los últimos días de nuestros padres, Alfaguara, 2014), aunque previamente había visto la luz otra novela corta, Le Tigre (2005).

Pero es La Vérité sur l’Affaire Harry Quebert la que le abre la senda de los premios y el reconocimiento internacional, al ser publicada en más de sesenta países y traducida a cuarenta idiomas.

La historia está escrita con un estilo sencillo y directo, sin adornos literarios ni excesiva elaboración gramatical. La verdadera complejidad, más allá del esfuerzo imaginativo para dar forma a las tramas y llevarlas a un punto conclusivo, es la conexión efectiva entre los capítulos o escenas que, como ya hemos apuntado, saltan en el tiempo atrás y adelante para presentar diferentes versiones, revelaciones, mentiras o medias verdades.

Resulta interesante el juego de espejos planteado por el autor, que pretende poner a la misma altura al lector y al narrador, ya que la obra que el primero tiene entre manos es la misma, o muy similar, a la que Marcus Goldman se afana por escribir a lo largo de las páginas para satisfacer las ansias de su editor. Esa es una constante. El baile de sombras, la realidad velada, el despiste para mirar hacia un lado mientras suceden los acontecimientos más relevantes en el otro. ¿Quién dice la verdad? ¿Quién miente? ¿Acaso es posible confiar plenamente en alguien?

El giro argumental es permanente, pero lo que debe ser virtud de una buena novela, se vuelve con el abuso algo repetitivo e inverosímil. Ese es uno de sus mayores errores. El otro es la extensión, demasiadas páginas para contar una historia que podría resolverse con un centenar menos. Y haciendo un ejercicio de exquisitez o acaso pedantería sin importancia debería añadir al insolente montón de la crítica, siempre desde la experiencia personal, la pérdida de fuerza en varios capítulos centrales que restan agilidad a la narración y ralentizan la lectura.

El resultado final es una novela interesante, con pocos atisbos de originalidad en su argumento pero muy trabajada en su estructura, que bebe mucho de Romain Gary y de Vladimir Nabokov y que gracias a una desmedida campaña de publicidad (otro punto de encuentro entre las obras de Joël Dicker y su creación, Marcus Goldman), se ha convertido en todo un fenómeno mundial.

Durante su proceso de formación como escritor, Marcus Goldman recibe una treintena de consejos o lecciones de Harry Quebert, algunos útiles, otros idealizados, pero, ¿qué tal este para terminar nuestra visita en Aurora?

# «Un buen libro, Marcus, no se mide sólo por sus últimas palabras, sino por el efecto colectivo de todas las palabras precedentes. Apenas medio segundo después de haber terminado el libro, tras haber leído la última palabra, el lector debe sentirse invadido por un fuerte sentimiento; durante un instante, sólo debe pensar en todo lo que acaba de leer, mirar la portada y sonreír con un gramo de tristeza porque va a echar de menos a todos los personajes. Un buen libro, Marcus, es un libro que uno se arrepiente de terminar.»

Joël Dicker, La verdad sobre el caso Harry Quebert.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s